No recuerdo la última vez que me sentí así en el proceso de un viaje, pero si sé que todo esto desaparecía poco a poco. El gran paso fue viajar sola, con acompañante. Sentí miedo y curiosidad a la vez, pero, sobre todo, sentía soledad. Es que, viajaba sola, sola por el mundo. Fue un sentimiento muy raro, pero al llegar a mi destino lo superé, Más que todo esto sentí una libertad extrema, viajar a los once añitos sola, es algo muy genial a esa edad.
Pero luego ya me tocaba viajar sola, sin acompañante, sin mamá, sin nadie. Sola. También fue un paso importante, y me gustó al principio, pero este es el punto clave de esta entrada.
Me desagrada viajar. Con eso lo digo casi todo. Ahora siento que dejo algo atrás. Siento una soledad infinita, no me gusta como se siente. No me gusta irme. Irme. Siempre he intentado explicarme a mi misma esto, pero si yo ni siquiera puedo explicármelo, ¿Cómo se lo explico a los demás? He recopilado casi el mismo número de historias de mis viajes tanto como los que hacía de pequeña. Ahora no me importa sentarme al lado de la ventanilla y de los juguetitos ya ni hablo. Pienso mucho, muchísimo, y al pensar me autodestruyo, porque tengo como una especie de dilema con echar de menos. Para sentirme mejor me digo a mi misma que volveré. Funciona pero no me da para todo el viaje. No quiero decir con todo esto que no quiero llegar a mi destino ni nada de eso, claro que sí. Pero ese proceso de transición de llegar de un sitio a otro, me mata lentamente. Me acuerdo de todos los viajes, siempre me da un bajón, un bajón de los buenos. Me siento horrible. Pero tan horrible que me pongo súper ansiosa y nerviosa. Y no sé porqué, si es que es un viaje, debería disfrutarlo. Pero no, no puedo por más que quiera. Lo peor es que no puedo hablar con nadie para sentirme un poco más acompañada, o más "en casa". Todo esto se va cuando porfín llego al destino, pero, por desgracia, vuelve a perseguirme otra vez. Yo antes no era así, me adaptaba a todo, y no extrañaba casa ni nada. Ahora ya no, si me mueven de mi sitio me siento mal, sin salida. Yo no quiero sentirme así, me sienta mal. De alguna manera también me pasa al volver a casa, tampoco quiero dejar lo que viví en aquel sitio temporal, me considero un poco rara en este sentido. El caso es que no me gusta ser movida de un lugar. Soy muy estable en ese ámbito. Pero, a pesar de todo esto, viajar es algo imprescindible en mi vida, y tendré que afrontarlo sea como sea.
Tengo un viaje pronto y lo que intento es liberar todas las tensiones que sé que me van a encontrar en cuanto entre en el aeropuerto, y, de alguna manera, me siento mejor. Siento que ya no es para tanto, que disfrute de mi viaje. Es una transición que uno tiene que hacer para ir de un sitio a otro.
Así que, cuando mire por la ventanilla, lo primero que haré será: imaginarme a los de Dragostea Din Tei bailando y cantando, mirar el cielo y volver a mi pequeña yo. Pasarlo bien. Es mi oportunidad para volver a ser una niña sin estrés ni ansiedad.
